martes, marzo 25, 2008

América Latina, rota



Mientras sale nuestro siguiente título (mayo, sí mayo) los invitamos a esta América Latina:

www.myspace.com/nucleoroto

por gracias del músico y productor musical Bishop.

jueves, marzo 20, 2008

DEL CAOS, UNA GEOGRAFÍA POÉTICA A REVISIÓN

Apuntes para describir una planicie
Sobre Caos portátil. Poesía contemporánea del Brasil


por Víctor Cabrera

En las primeras líneas de su presentación a Caos portátil. Poesía contemporánea del Brasil, Camila Do Valle escribe: "Una selección de poesía siempre (con)forma un paisaje. En el caso de ésta, se podría tener la impresión de que se trata de un paisaje muy contemporáneo: poetas nacidos en las décadas de 70 y 80. Pero en realidad, este libro (com)porta muchos paisajes: así, en plural."

Después de revisada un par de veces esta muestra, no puedo sino disentir de al menos una de tales afirmaciones: Estoy de acuerdo con Camila en la primera de ellas, pero habría que aclarar: el paisaje que conforma una selección [de poetas, narradores o futbolistas, para estar a tono con la nacionalidad de la poesía que hoy presentamos] será siempre fragmentario, incompleto y, por lo tanto, perfectible, y su horizonte estará definido más por la mirada y las cualidades combinatorias de quien observa, califica, discierne, descarta y escoge, que por el talento y/o las virtudes de los seleccionados. Para decirlo de manera pedestre, no es igual el Ronaldinho de Rijkaard al de Dunga.

Matizada por la posibilidad [ese “se podría tener la impresión”], la certeza cronológica de la segunda declaración, antes que confirmar lapidariamente y arriesgarse de más, propone: que sean los lectores los que se sumerjan en el caos y decidan por ellos mismos si, más allá del rigor temporal que impone la inclusión de autores nacidos en una determinada época, esos textos les resultan, en la forma y el discurso, verdaderamente “muy contemporáneos”. Y en eso podremos estar o no de acuerdo.

Difiero, entonces, de la tercera proposición (“este libro [com]porta muchos paisajes: así, en plural”) por dos razones: como dije hace un momento, lo que prevalece en una selección, muestra, florilegio o como quiera que se le llame a una reunión generalmente arbitraria de textos y autores, es la mirada de su antólogo, su idea de ―en este caso― la poesía contemporánea y su afán de compartir o imponer, dependiendo de su autoridad y su prestigio, dicha idea a sus lectores. Y lo que prevalece, en este caso, es un paisaje conformado por una mirada doble: la de la propia Camila Do Valle y la de Cecilia Pavón, seleccionadoras de estos 11, no, 13 poetas (esto es, el equipo completo más dos suplentes que cada quien podrá alinear según sus preferencias). En segundo lugar, instalado ya en mi propia lectura, no alcanzo a vislumbrar desde ella ese paisaje múltiple al que se refiere Do Valle. Lo que veo, sí, es uno discontinuo, sucesorio, poblado de claroscuros o, para decirlo paisajísticamente, con sus crestas y sus valles: zonas de niebla y regiones de luz, amplios espacios de tanteo y otros, menos vastos y abundantes, de verdadera consolidación poética.

Lo que encuentro, antes que esa variedad que desea la compiladora, es la homogeneidad de tonos, discursos y hasta formas, previsible cuando se piensa en la naturaleza de un sello editor que asume valiente, temeraria y febrilmente el riesgo de privilegiar en sus publicaciones la poesía postvanguardista o ultravanguardista o neovanguardista de América Latina, frente a otros quizá mejor peinados (quiero decir engominados) o menos propositivos y en todo caso más afectos a eso que llamamos, positiva o infamantemente, Tradición.

Como en otras muestras o antologías de las poesías latinoamericanas más o menos recientes, lo que puedo observar es una búsqueda de contemporaneidad en la que los autores, en su afán por resultar forzosa y necesariamente rupturistas, terminan por ser sospechosamente semejantes uno a otro. Esta adopción de formas y fórmulas poéticas cada vez más generalizadas (piénsese, por poner un ejemplo, no en el poema en prosa, sino en la versión más narrativa de ésta) revele acaso un programa generacional en América Latina: el de ser uniformemente actuales. Lo malo es que las formas adoptadas parecen no ser siempre el mejor andamio para un fondo discursivo por lo demás confuso. Justamente allí donde no parece haber ese discurso de fondo, sugiere la lectura de estos poetas, hay un vacío, esto es, el simulacro que somos y habitamos: las sociedades de consumo, la televisión y la red omnipresente, el reality show que suplanta a la real life. También lo otro: la injusticia y la violencia secular de nuestras urbes, su disfrazada oferta de hastío, la pérdida de la esperanza. Y para confirmar[me] esta idea, escojo tres versos de Elisa Andrade Buzzo, una de las jóvenes poetas incluidas en estas páginas, “[…] cuando termina la voluntad/ De decir/ Sobran sonidos guturales”.

Quizá sea esta la razón de que un buen número de los poetas incluidos en el libro parezcan urgidos de forzar los límites de la poesía en general, y del poema en particular, de hacer que todo quepa en ellos, de transformar cada palabra por la alquimia de la disrupción del espacio en blanco, del metatexto, de aquella prosa camuflada, incluso del balbuceo mencionado por Andrade Buzzo. Y es en este sentido que leo un puñado de frases programáticas que los autores intercalan en sus versos a manera de poéticas personales: “transformar toda la harina en pan” (Elisa Andrade Buzzo); “Hay un residuo de futuro en el viento”, “[…] la libertad total en el reino de la imposibilidad” (Sergio Cohn); “Continúo una tradición que sigue hablando sola” (Camila Do Valle); “¿y si nos libramos de ezra pound?” (Angélica Freitas); “pienso en el canto/ en las modulaciones de la voz/ en los lugares vacíos/en los espacios en blanco// y el resto es ortografía” (Izabella Guerra Leal); “Desconfío de las ideas, sé que todo poema es una navaja” (Augusto de Guimaraens Cavalcanti); “Nuestra juventud todavía no encontró el bar adecuado y la hora de parar”, “pedimos la bendición y vamos a dormir en el espejo/ taponado de referencias analgésicas” (Andre Monteiro).

A veces estas consignas logran consolidarse más allá de sí mismas y es entonces cuando la poesía surge y supera los sucesivos tonos de denuncia o lamento social, la autorreferencia, la metatextualidad y el intertexto, la verbosidad excesiva y el excesivo laconismo. Menciono un par de casos que son los mejores ejemplos de esta sospecha pues se trata, a mi parecer, de las voces más sólidas y maduras, de las muestras más constantes de todo el libro: la propia Camila Do Valle y Angélica Freitas.

En algunas ocasiones desde la ironía y en otras desde la encendida arenga de tintes feministas, pero a veces también, decantados puntualmente esos discursos, desde su voz más natural e íntima, es decir, más poética, Do Valle despliega sus mejores recursos y se erige como una verdadera conciencia social, ácida, corrosiva, más allá del puro y duro panfleto.

Angélica Freitas, por su parte, asume plenamente el humor como su más prestigiosa herramienta poética. Iconoclasta, Freitas pone en entredicho el canon poético-literario occidental para desmoronarlo por la vía de ese humor efectivo por venenoso. Lo suyo, declara la autora, no son Gertrude Stein (esa señora culona que se tira pedos en la tina) ni el viejo Pound loco en su jaula de Pisa, sino las canciones de la radio y un batido de Rilke con helado para las noches de insomnio.

Otro caso que llama mi atención es el de Sergio Cohn, quien y haciendo uso de herramientas disímiles a las de Do Valle y Freitas (e incluso a las del resto de los autores), destaca en la muestra como una anomalía: un poeta mesurado que no apuesta ni por el desbordamiento verbal ni la pirotecnia de la imaginería, sino que parece avanzar seguro hacia una poética de la decantación. Lo demás parecen numerosas tentativas entre las que aparece de pronto, como un hallazgo, extraordinario por inesperado, la poesía.

En su triple acepción, la palabra caos designa lo mismo el “estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos”, “confusión y desorden” y un “comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos”. Podría escoger cualquiera de ellas para definir la naturaleza de este volumen, aunque prefiero atender a la etimología griega del vocablo, que refiere una “abertura”. Me gustaría, entonces, hacer una invitación a leer este Caos portátil no como un desorden de bolsillo sino como una grieta desde la que vislumbremos la posibilidad de un panorama distinto.

jueves, febrero 07, 2008

EBL estará presente en la Feria del Libro de Minería 2008

Dentro del proyecto PUNTO DE EDITORIALES EMERGENTES, Ediciones El billar de Lucrecia - Poesía latinoamericana estará presente en la XXIX Feria Internacional del Libro del Palaco de Minería. Búscanos en este punto y encontrarás nuestros títulos. También hemos organizado varias lecturas de poesía y presentaciones:

Dentro de Jornadas Juveniles

Nacidos en los 80, nacidos rebeldes
Martes 26 de febrero, 18:00 hrs
Antigua Capilla
Participan

Óscar David López, Sergio Ernesto Ríos, Rodrigo Castillo, Iván Cruz y Lorena Ventura

Nacidos en los 70, nacidos posmo
Miércoles 27 de febrero, 14:00 hrs
Antigua Capilla
Participan

Minerva Reynosa, Víctor Cabrera, Juan Carlos Cano, Rocío Cerón y Luis Paniagua


Dentro de la programación general

Presentación Caos portátil. Poesía contemporánea del Brasil
Jueves 28 de febrero, 18 hrs
Salón de la Academia de Ingenieros
Participan

Daniel Saldaña Paris, Clarissa della Nina, Víctor Cabrera, Rocío Cerón, Rodrigo Castillo

Lectura Nosotros que nos queremos tanto. Poesía contemporánea de Mexico
Viernes 29 de febrero, 17:00 hrs
Salón de la Academia de Ingenieros
Participan

León Plascencia Ñol, Rocío Cerón, Rodrigo Castillo, Mónica Nepote, Sergio Ernesto Ríos, Amaranta Caballero, Ehitel Silva

¡Te esperamos!

miércoles, enero 02, 2008

Y sigue la mata dando---HOROSKOP sigue en la mira de los críticos

José Carlos Yrigoyen y su Horoskop siguen dando de qué hablar: Una reseña aparecida en el dominical del Comercio (Perú) y otra en el diario correo de Jose Guich, crítico peruano; cierra el temblor yrigoyano una entrevista en ese mismo diario.

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2007-09-01/imecdominical0778543.html
http://carlosmsotomayor.blogspot.com/2007/09/tren-de-aterrizaje_23.html
http://carlosmsotomayor.blogspot.com/2007/11/entrevista-jos-carlos-yrigoyen.html

También está la reseña lúcida de Daniel Saldaña Paris que apareció en la revista Letras Libres!!!!

PRÓXIMO TÍTULO DE EBL:

Nosotros que nos queremos tanto. Poesía contemporánea de México

martes, diciembre 11, 2007

Segunda venta NOCTURNA de Editoriales Independientes-viernes 14 de diciembre 2007



Ediciones El billar de Lucrecia, MotínPoeta y Negrita Cucurumbé Emisiones participarán en la Segunda Venta Nocturna de Publicaciones Emergentes. Búscanos. Habrá mezcal gratis, música yeye y hartos libritos y publicaciones entre los que te sugerimos adquieras
CAOS PORTÁTIL. POESÍA CONTEMPORÁNEA DEL BRASIL
y te lleves una de las camisetas de colección de EBL con su lema "LEER ES SEXY" (NO ACEPTES IMITACIONES).

viernes, noviembre 23, 2007

Búscanos en el stand 1930 en la Feria del Libro de Guadalajara

Ediciones El billar de Lucrecia
estará presente en la FIL de Guadalajara especialmente para todos aquellos que coleccionan ya nuestros títulos (les recordamos que aquellos que tengan su colección completa de los 15 títulos-bolas recibirán sin costo una caja-contenedora personalizada y numerada).

EBL estará a la venta en el stand de Grupo Libros y Editoriales (atrás de Colofón, stand 1930), junto a los libros de Visor.

NOVEDAD DE FIN DE AÑO
Caos portátil. Poesía contemporánea del Brasil, selección de Cecilia Pavón y Camila do Valle, traducción de Cecilia Pavón
280 pp
Edición bilingüe

martes, noviembre 20, 2007

Brasil, fiesta, caos portátil, poesía y capirinhas!!


Jueves 22 de noviembre
19:00 hrs
Universidad del Claustro de Sor Juana
Izazaga e Isabel la Católica, Centro
Ciudad de México

lunes, noviembre 19, 2007

Transversal y Horoskop en la revista Letras Libres de Noviembre

(http://www.letraslibres.com/index.php?art=12469)
por Daniel Saldaña Paris

El Billar de Lucrecia, editorial que con cada nuevo título se agencia el logro de publicar a un autor de riesgo (en un país donde publicar poesía, en general, ya es una actividad de riesgo), cumplió hace poco su segundo año de vida. Convirtiendo su existencia en un festejo, sorprende nuevamente a los lectores con las bolas seis y siete de su colección. Se trata de dos libros muy distintos entre sí, ambos de autores sudamericanos nacidos en los setenta, que vienen a forzar nuestra mirada más allá de las fronteras nacionales para ponernos en relación con poéticas distintas y disidentes, rupturistas pero decantadas, cuya influencia crece en suscriptores dentro de nuestra poesía joven. Éstas son las novedades.
Transversal, de Pedro Montealegre, es un poema-enjambre, proliferación del lenguaje en su periferia, multidireccional y de una velocidad por momentos asfixiante, habitado por voces superpuestas y anclado en un contexto específico que sin embargo se dispara y multiplica bajo la mirada alucinada y terriblemente lúcida del poeta.
Con una musicalidad que debe mucho al “neobarroco”, de versículos largos atravesados por aliteraciones, este libro se desmarca de los movimientos poéticos más en boga para fundar su propio espacio de referencias. El lenguaje de Montealegre (Santiago de Chile, 1975) urde una densa textura sonora de la cual emergen imágenes vivaces, caminos que se ofrecen al lector para luego desaparecer súbitamente y dejar paso a otros caminos; como viajar en un tren que ora ofrece un paisaje urbano, ora uno subcutáneo, pero que fluye siempre vertiginosamente.
Sus estructuras de guiones y aposiciones hacen saltar en mil pedazos la linealidad del poema; lejos de precisar el cuerpo del texto, estos recursos insinúan otras lecturas: “Improbabilidad de un lenguaje –pruébalo, sabe a fangal, a limón podrido–, grumo de atmósfera cada grumo de sangre.” Los audaces encabalgamientos marcan un ritmo atropellado que se volvería tedioso de no ser violentado por constantes hallazgos. El autor es fiel a esta máxima plasmada con envidiable economía: “Enfermedad de un lenguaje –se vuelve charco.” Montealegre se sirve de un lenguaje siempre en movimiento, fluctuante y sorpresivo, que en ocasiones deviene verdadera catarata.
En la primera sección del libro, “El principio del nombre”, las imágenes circulan en torno al cadáver. Putrefacción, fermento, “langostas y bichos generados en uno/ que no presume de cuerpo”; todo síntoma de muerte es sólo la ocasión para una superabundancia de vida: las palabras se persiguen y atropellan trazando el recorrido de un insecto, mondando vorazmente los despojos de ese yo que usualmente se reclama dueño de la voz poética. El punto de partida, pues, no es la intimidad o la autonomía del poeta, sino siempre un discurrir entre las cosas que conforman el mundo circundante; como si el cadáver que sirve de pretexto a la proliferación de metáforas no fuera otro que el del individuo aislado, asesinado en la antesala del poema y reconstruido desde el afuera a lo largo de todo el libro.
La ciudad, primer personaje, se convierte en la exterioridad a partir de la cual se piensa como existente el poeta. Depuestas las fronteras de lo íntimo, volcado más allá de su costumbre mediante el rito iniciático de habitar un país que no es el suyo, el poeta vuelve a ser sólo mediante el contacto con un mundo múltiple e inasible, transido por la violencia y el hambre: “Hay niños pijos; han quemado/ a una mendiga y dicen: Ay, no sabía que iba a arder. Léase Ay: asesinato y arder.”
A partir de la atención a esa realidad policroma, asistimos a la aparición de una voz también múltiple (“Es mentira lo uno”, canta el poeta en pleno fervor deleuziano), surcada por discursos, reflexiones y referencias que, por su disparidad, casi hacen naufragar el libro en un puro vértigo de estar diciendo.
La cotidianidad irrumpe en el texto tamizada por la conciencia extranjera del poeta; conciencia que, al mismo tiempo, viola la identidad de quien pronuncia y fuerza la “pulsión del decir” que recorre el poema estremeciéndolo.
Testigo de un mundo extraño, Montealegre toma conciencia de su lugar por referencia a los otros. Es en este sentido que la intimidad ha sido desterrada: sólo existe la cercanía, la intersubjetividad, el afuera. El uso de intertextos ayuda al poeta a poblar esa urbe mestiza donde convergen canciones de la Lupe con reflexiones sobre el marxismo y desoladores parajes de periferia.
Merece una atención especial el uso de ciertos Leitmotive de los que se sirve el autor para vertebrar las diferentes secciones del libro, y que juegan un papel clave en la construcción de macrometáforas. Por ejemplo, la repetición del siguiente tema: “Has cantado, pero no has hablado al corazón de las cosas”, en la primera parte del libro, nos pone cada tanto en sintonía con la intención ditirámbica del texto, otorgando al deleite de la palabra la preeminencia negada a la esencialidad del mundo.
En definitiva, un texto sinuoso, que podría parecer demasiado críptico si no rescatase al lector de la oscuridad absoluta pespunteando cada sección con intuiciones potentísimas.
Por su parte, los poemas de Horoskop, de José Carlos Yrigoyen, parecen estar escritos en voz baja. Directos, despojados de ornamentos, son de apariencia narrativa, cargados de topónimos casi impronunciables que imprimen al texto una sonoridad ríspida. El ritmo sincopado y la referencialidad onírica generan un ambiente distinto en cada uno. Algunos personajes emergen del texto como un epifenómeno de la situación –insinuada, diluida, atravesada por conversaciones imposibles.
La facilidad de José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976) para establecer una continuidad entre el paisaje y los mundos interiores –“No muy lejos de la playa la relación entre el tiempo y la memoria/ se derrumba sobre la arena con los tendones cubiertos de sangre”, “donde el viento es solamente parte del proceso de pensar”– hace de su escritura un movimiento orgánico. Las pulsiones vitales se desbordan e irrumpen en el paisaje disfrazadas de símbolos.
Puede estorbar, sin embargo, una cierta voluntad de rareza, que por momentos hace del texto un lugar árido. Pero, como el propio autor descubre, “Lo incomprensible [...] no es un goce que se pueda mantener más que unos pocos minutos”.
Más allá de la densidad específica de cada uno de los poemas, hay ciertos juegos metaliterarios que vertebran y unifican el libro entero, poniendo también de relieve la aparente inseguridad del poeta ante su trabajo: “Un juego donde a la mitad ya nos declaramos vencidos/ y pensamos cuál será la mejor manera de terminar esto./ (Eso, eso es: una coda será la mejor forma de terminar esto.)” Esta dubitación de la lengua, incesante pleito del autor con su materia, es una de las principales puertas de entrada que se ofrecen al lector, que se sentirá invitado por el tono casi íntimo que se alcanza mediante este tipo de juegos: “yo ya no quiero esperar que pase algo para escribir sobre”, “Eso, eso es: una coda./ Que la coda de esto sea un lugar para abrazarnos”.
Yrigoyen habla a un interlocutor cercano, al que en algunas ocasiones (“Apunte para un poema sobre el matrimonio”) se puede identificar con el sujeto amado. El lector, en estos versos, habita ese espacio de intimidad prístina y directa, que no es un espacio convencionalmente poético, sino construido por las obsesiones, las imágenes y los sonidos personalísimos del autor. En este sentido, parece que esa narración a media voz es la puerta para acceder a un lenguaje privado, para leer y comprender el léxico de un grupo selecto: la comunidad de los amantes o la fraternidad secreta. El glosario personal de Yrigoyen nos incluye en un mundo onírico de personajes bosquejados: “Kematian para definir al que estudia la protohistoria del clavicémbalo./ Uang kertas para el autobús que pasa repleto de prisioneros cantando.”