(http://www.letraslibres.com/index.php?art=12469)
por Daniel Saldaña Paris
El Billar de Lucrecia, editorial que con cada nuevo título se agencia el logro de publicar a un autor de riesgo (en un país donde publicar poesía, en general, ya es una actividad de riesgo), cumplió hace poco su segundo año de vida. Convirtiendo su existencia en un festejo, sorprende nuevamente a los lectores con las bolas seis y siete de su colección. Se trata de dos libros muy distintos entre sí, ambos de autores sudamericanos nacidos en los setenta, que vienen a forzar nuestra mirada más allá de las fronteras nacionales para ponernos en relación con poéticas distintas y disidentes, rupturistas pero decantadas, cuya influencia crece en suscriptores dentro de nuestra poesía joven. Éstas son las novedades.
Transversal, de Pedro Montealegre, es un poema-enjambre, proliferación del lenguaje en su periferia, multidireccional y de una velocidad por momentos asfixiante, habitado por voces superpuestas y anclado en un contexto específico que sin embargo se dispara y multiplica bajo la mirada alucinada y terriblemente lúcida del poeta.
Con una musicalidad que debe mucho al “neobarroco”, de versículos largos atravesados por aliteraciones, este libro se desmarca de los movimientos poéticos más en boga para fundar su propio espacio de referencias. El lenguaje de Montealegre (Santiago de Chile, 1975) urde una densa textura sonora de la cual emergen imágenes vivaces, caminos que se ofrecen al lector para luego desaparecer súbitamente y dejar paso a otros caminos; como viajar en un tren que ora ofrece un paisaje urbano, ora uno subcutáneo, pero que fluye siempre vertiginosamente.
Sus estructuras de guiones y aposiciones hacen saltar en mil pedazos la linealidad del poema; lejos de precisar el cuerpo del texto, estos recursos insinúan otras lecturas: “Improbabilidad de un lenguaje –pruébalo, sabe a fangal, a limón podrido–, grumo de atmósfera cada grumo de sangre.” Los audaces encabalgamientos marcan un ritmo atropellado que se volvería tedioso de no ser violentado por constantes hallazgos. El autor es fiel a esta máxima plasmada con envidiable economía: “Enfermedad de un lenguaje –se vuelve charco.” Montealegre se sirve de un lenguaje siempre en movimiento, fluctuante y sorpresivo, que en ocasiones deviene verdadera catarata.
En la primera sección del libro, “El principio del nombre”, las imágenes circulan en torno al cadáver. Putrefacción, fermento, “langostas y bichos generados en uno/ que no presume de cuerpo”; todo síntoma de muerte es sólo la ocasión para una superabundancia de vida: las palabras se persiguen y atropellan trazando el recorrido de un insecto, mondando vorazmente los despojos de ese yo que usualmente se reclama dueño de la voz poética. El punto de partida, pues, no es la intimidad o la autonomía del poeta, sino siempre un discurrir entre las cosas que conforman el mundo circundante; como si el cadáver que sirve de pretexto a la proliferación de metáforas no fuera otro que el del individuo aislado, asesinado en la antesala del poema y reconstruido desde el afuera a lo largo de todo el libro.
La ciudad, primer personaje, se convierte en la exterioridad a partir de la cual se piensa como existente el poeta. Depuestas las fronteras de lo íntimo, volcado más allá de su costumbre mediante el rito iniciático de habitar un país que no es el suyo, el poeta vuelve a ser sólo mediante el contacto con un mundo múltiple e inasible, transido por la violencia y el hambre: “Hay niños pijos; han quemado/ a una mendiga y dicen: Ay, no sabía que iba a arder. Léase Ay: asesinato y arder.”
A partir de la atención a esa realidad policroma, asistimos a la aparición de una voz también múltiple (“Es mentira lo uno”, canta el poeta en pleno fervor deleuziano), surcada por discursos, reflexiones y referencias que, por su disparidad, casi hacen naufragar el libro en un puro vértigo de estar diciendo.
La cotidianidad irrumpe en el texto tamizada por la conciencia extranjera del poeta; conciencia que, al mismo tiempo, viola la identidad de quien pronuncia y fuerza la “pulsión del decir” que recorre el poema estremeciéndolo.
Testigo de un mundo extraño, Montealegre toma conciencia de su lugar por referencia a los otros. Es en este sentido que la intimidad ha sido desterrada: sólo existe la cercanía, la intersubjetividad, el afuera. El uso de intertextos ayuda al poeta a poblar esa urbe mestiza donde convergen canciones de la Lupe con reflexiones sobre el marxismo y desoladores parajes de periferia.
Merece una atención especial el uso de ciertos Leitmotive de los que se sirve el autor para vertebrar las diferentes secciones del libro, y que juegan un papel clave en la construcción de macrometáforas. Por ejemplo, la repetición del siguiente tema: “Has cantado, pero no has hablado al corazón de las cosas”, en la primera parte del libro, nos pone cada tanto en sintonía con la intención ditirámbica del texto, otorgando al deleite de la palabra la preeminencia negada a la esencialidad del mundo.
En definitiva, un texto sinuoso, que podría parecer demasiado críptico si no rescatase al lector de la oscuridad absoluta pespunteando cada sección con intuiciones potentísimas.
Por su parte, los poemas de Horoskop, de José Carlos Yrigoyen, parecen estar escritos en voz baja. Directos, despojados de ornamentos, son de apariencia narrativa, cargados de topónimos casi impronunciables que imprimen al texto una sonoridad ríspida. El ritmo sincopado y la referencialidad onírica generan un ambiente distinto en cada uno. Algunos personajes emergen del texto como un epifenómeno de la situación –insinuada, diluida, atravesada por conversaciones imposibles.
La facilidad de José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976) para establecer una continuidad entre el paisaje y los mundos interiores –“No muy lejos de la playa la relación entre el tiempo y la memoria/ se derrumba sobre la arena con los tendones cubiertos de sangre”, “donde el viento es solamente parte del proceso de pensar”– hace de su escritura un movimiento orgánico. Las pulsiones vitales se desbordan e irrumpen en el paisaje disfrazadas de símbolos.
Puede estorbar, sin embargo, una cierta voluntad de rareza, que por momentos hace del texto un lugar árido. Pero, como el propio autor descubre, “Lo incomprensible [...] no es un goce que se pueda mantener más que unos pocos minutos”.
Más allá de la densidad específica de cada uno de los poemas, hay ciertos juegos metaliterarios que vertebran y unifican el libro entero, poniendo también de relieve la aparente inseguridad del poeta ante su trabajo: “Un juego donde a la mitad ya nos declaramos vencidos/ y pensamos cuál será la mejor manera de terminar esto./ (Eso, eso es: una coda será la mejor forma de terminar esto.)” Esta dubitación de la lengua, incesante pleito del autor con su materia, es una de las principales puertas de entrada que se ofrecen al lector, que se sentirá invitado por el tono casi íntimo que se alcanza mediante este tipo de juegos: “yo ya no quiero esperar que pase algo para escribir sobre”, “Eso, eso es: una coda./ Que la coda de esto sea un lugar para abrazarnos”.
Yrigoyen habla a un interlocutor cercano, al que en algunas ocasiones (“Apunte para un poema sobre el matrimonio”) se puede identificar con el sujeto amado. El lector, en estos versos, habita ese espacio de intimidad prístina y directa, que no es un espacio convencionalmente poético, sino construido por las obsesiones, las imágenes y los sonidos personalísimos del autor. En este sentido, parece que esa narración a media voz es la puerta para acceder a un lenguaje privado, para leer y comprender el léxico de un grupo selecto: la comunidad de los amantes o la fraternidad secreta. El glosario personal de Yrigoyen nos incluye en un mundo onírico de personajes bosquejados: “Kematian para definir al que estudia la protohistoria del clavicémbalo./ Uang kertas para el autobús que pasa repleto de prisioneros cantando.”
lunes, noviembre 19, 2007
lunes, noviembre 05, 2007
selección de Camila do Valle y Cecilia Pavón
traducción de Cecilia Pavón
edición bilingüe, 272 pp
Presentación y lectura bilingüe
participan
Víctor Sosa, Rodrigo Castillo y Rocío Cerón
Jueves 22 de noviembre 2007, 19.00 hrs
Universidad del Claustro de Sor Juana (Aula magna)
Izazaga e Isabel la Católica, Centro
Ciudad de México
Caos portátil ya está a la venta en las librerías del FCE, EDUCAL, Péndulos, Iberoamericana, etc, etc...
lunes, octubre 29, 2007
COMPRA EN LÍNEA O COMPRA EN EUROPA O ESTADOS UNIDOS
Queridos lector@s:
Desde hoy, y hasta que el mundo se acabe, se pueden comprar nuestros títulos en línea en México a través del portal-librería virtual
www.anodis.org.mx/leer (ofrece un 20% de descuento del costo de precio de lista! y sólo cuesta 20 pesitos el envío!!)
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libreria@iberoamericanalibros.com
Recuerden que nuestros libros son COLECCIONABLES y que quien tenga los 15 títulos recibirá una cajita contenedora para los libros numerada y personalizada con el nombre del dueñ@ de la colección.
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lunes, octubre 01, 2007
Presentación de EBL y recital de poesía iberoamericana en CASA DE AMÉRICA, Madrid, España
CASA DE AMÉRICAMiércoles 17 de octubre 2007, 19.30 h.
Presentación de Ediciones El billar de Lucrecia y recital de poesía iberoamericana
PRESENTAN Y PARTICIPAN EN EL RECITAL LOS POETAS
Rocío Cerón (México)
Jordi Doce (España)
Pedro Montealegre (Chile)
Alejandro Tarrab (México)
Plaza de la Cibeles, 2
28014 Madrid, España
martes, septiembre 25, 2007
EBL en el Centro Cultural de España en Lima


Con un lleno que no se esperaba el contingente editorial mexicano, la presentación de EBL con los títulos de poetas peruanos (Bala perdida de Montserrat Álvarez y Horoskop de José Carlos Yrigoyen) fue un gran éxito. Hubo proyección de visuales con la carnosa Lucrecia, creados bajo la mano maestra de Luis Blackaller y bombardeo poético con la rasposa y sensual voz de Tizano. Un brindis con vino español (auspiciado por el CCE Lima ¡gracias por todo chicos!) fue excelente para soltar más las amarras poéticas. Los libros se encuentran disponibles, en exclusiva, en la librería El Virrey. Una cosa, se extrañó a Montserrat A. Madame querida por esta casa editorial que desde este espacio le envía abrazos y el apasionado deseo de que venga a México donde tiene ya legión de fanáticos lectores. Abur!
viernes, septiembre 14, 2007
domingo, septiembre 02, 2007
El billar de Lucrecia en el Centro Cultural de España de Lima, Perú
Ediciones El billar de Lucrecia presenta su colección y sus dos títulos de autores peruanos: Bala perdida de Montserrat Álvarez y Horoskop de José Carlos Yrigoyen
Participan
Arturo Corcuera, Carlos López Degregori, José Carlos Yrigoyen, Jerónimo Pimentel, Rocío Cerón
Jueves 13 de septiembre, 19:30 hrs
Centro Cultural de España (Lima, Perú)
Natalio Sánchez 181, Plaza Washington
Vino de honor
sábado, agosto 25, 2007
LEER ES SEXY (y sin embargo quiero más)* Sobre EBL, MotínPoeta, Transversal, Horoskop
* Texto leído en la presentación de El billar de Lucrecia y MotínPoeta en Monterrey en el Centro Cultural del Colegio Civil, ha aparecido publicado en Los Tubos, revista virtual regia de reflexión.
Riesgo es materia, método, ejercicio con que se construye un objeto, un libro, un poema. El riesgo es una serpiente de dos cabezas de la cual la primera pertenece a las probabilidades de que algo ocurra, y la segunda a las consecuencias si estas ocurren. ¿Pero dónde el cuerpo?, ¿dónde dejamos su trayecto?, ¿dónde el bolo que alimenta y provoca la gula o la náusea? Actualmente vivimos en múltiples realidades, en múltiples riesgos. El Billar de Lucrecia y MotínPoeta son dos escaparates el ejercicio poético. En la “supuesta inminencia” de la desaparición del libro y de los cedes, ambos proyectos utilizan estos soportes para acercar la poesía a comunidades de cualquier edad que no estaban enteradas que los poetas también pertenecen a este tiempo. Sin embargo, antes de que estos proyectos vean la necesidad de llegar a un público, su origen fue gestado por varios artistas que tuvieron la necesidad de escribir poesía en otros formatos. Escribir es un acto que no se reduce a la pluma sobre el papel, a la pulsación de los dedos sobre el teclado. Escribir es un acto mental que a través de la palabra o las acciones o los silencios o las imágenes toca el cuerpo. Escribir es el primer motor de estos proyectos. Definiré cada uno de ellos.
Ediciones El billar de Lucrecia es una editorial que muestra las voces de la reciente poesía latinoamericana. A partir del juego, de la dinámica con la lengua, con la madre y las hermanas (porque hablamos español pero en realidad hablamos mexicano, argentino, peruano, cubano, portugués, etcétera) este proyecto revitaliza el quehacer de antologías mediante un proyecto que simula un billar que se ejercita en libros y no en bolas, o sea, es un proyecto que reúne poesía —no que simplemente la antóloga—.
En este trayecto, El billar de Lucrecia nos ha mostrado que una de las forma de vender poesía consiste en actualizar los pasos de baile según el ritmo. Aunque seguimos hablando de contenedores formales como lo son los libros, Lucrecia apuesta por diseños refrescantes, vitalizados, lúdicos, emergentes, desconcertantes, con portadas que nos hablan más de biografías escandalosas que de poéticas de alto riesgo. ¿Pero qué digo? Actualmente la poesía es el acto más riesgoso en las artes tradicionales y experimentales. La poesía es un acto creador para quien la atiende. Como lo ha sido y lo seguirá haciendo, la poesía no representa una posibilidad de hegemonía en el mercado editorial (a menos que se publique los versos de Paris Hilton o Joaquín Sabina).
Este no es caso de Lucrecia quien hasta el momento ha publicado voces que convergen en el nudo ciego del lenguaje. Cada uno de los libros que forman EBL nos presenta y revela un prisma personal. Desde Washington Cucurto hasta José Carlos Yrigoyen podemos leer siete registros que contienen a su vez decenas de matices natales, globales, de robote, translucidos, pluridimensionales. Para el caso, hablaré brevemente de las recientes entregas.
Transversal de Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es un libro que trasvasa, transmuta, invoca, y decanta el caos. Las tres secciones que componen Transversal forman una trenza que canta la historia del movimiento de un sujeto. “Los que piden claridad literaria —escribió Ramón López Velarde— piden, realmente, una moderación de la luz.” Este no es el caso de Montealegre, al contrario, su poesía va más allá de las visiones provocadas por la luz, porque al contrario del efecto del mucha luz que causa ceguera, y de la carencia que provoca oscuridad, la poesía de Montealegre es justa en lenguaje, dividida en discurso y lírica, transverso del texto y sus expansiones:
Y está mal. Está mal. Pero traducimos así: ese eje del polígono
fue un tercero innominado, figura entre la muerte y la paleta de caramelo,
no explicable con los escritos —no lo imaginado.
Montealegre es un autor con una voz múltiple pero que sabe contenerse y discurrirse. En este libro logra condensar un tono que pareciera sólo un desbordamiento de ideas e imágenes pero que sorpresivamente construye un decir real a través de los poemas. Transversal merece una atención especial en el panorama de la poesía actual (alguna muy viciada en lo fácil y digerida) ya que es una apuesta por el lenguaje propio rescatando el valor poético:
En su centro, no:
quien va a callar metiéndose un camaleón entero en su boca. El arte es así
El hueco. Así. Uno lo imagina en el centro del pecho. Late el forado,
No una bolsa de agua caliente, esas de goma de calentar la cama. En la cama, yo
tuve un hijo, una letra, pero hizo schhht con su dedo, la casa de Platón,
el negativo de su boca.
El caso de Horoskop, de Jose Carlos Yrigoyen (Lima, Perú, 1976) transita por una vía distinta a la de Transversal. Yrigoyen apuesta por una melódica resurrección de la oralidad, de las charlas, del monólogo interior (muy cercana a la narrativa), logrando un libro –que aunque pequeño- repleto de momentos cercanos e identificables para una gama más amplia de lectores, ya que puede ser recomendado para quienes no están tan cercanos y alimentados de poesía. Pero cuidado, no estoy diciendo que sea un libro fácil, cómodo, poco riesgoso. Horoskop es la comunión de las dudas y las revelaciones en un ente ella, la misma Horoskop:
¿Y qué es lo que debo escribir para que la pureza sanguínea deje de ser un caballo muerto abandonado en el camino?
Esa pregunta, Yrigoyen inicia un viaje a través de recuerdos del yo poético basado en saltos en el tiempo, un verso de Pasolini, una película de Zombies, una navegación hacia Tragabigzanda que alterna la neblina con una palanca de valentía doméstica. Sin embargo, los versos son contundentes:
(Era esa nuestra última noche y no recuerdo mucho más;
apenas de cuando caminaba por la avenida de las tinieblas
entre los jóvenes –y ahora tengo que escribir entre los jóvenes
sintiéndome por primera vez parte de una procesión diferente.)
La reflexión en Horoskop está cargada de nostalgia, de entregas pasadas con añoranza en el futuro inmediato, justo en:
Esta noche, por ejemplo.
bajo esta noche extrañamente móvil, mano recién cortada
de una joven en la playa, a pesar del frío del invierno, de la presión
de las corrientes de aire que se deslizan sobre el mar,
hemos salido los tres a jugar pelota, esquivando los autos,
dividiendo la calle…
Horoskop y Transversal son dos apuestas diferentes, con tonos diferentes, de autores muy cercanos geográfica y generacionalmente. Sin embargo, EBL no está buscando voces compartidas ni ramas generacionales ni nuevos movimientos para vincularlos y construir un patrimonio latinoamericano. Por el contrario, está afirmando y pactando que la poesía es un ente vivo, carente de dogmas, lúdico, que puede hoy afirmar en una antología que ahí están contenidas las meras meras voces pero que no lo están. Cada libro, cada una de las bolas está girando sobre una mesa de billar esperando entrar en el hoyo menos indicado para crear alarma, destanteo, sorpresa porque de eso todavía vive y hace vivir la poesía.
A la par existe MotínPoeta que, como se define el colectivo creado por Carla Faesler y Rocío Cerón, es un generador de proyectos interdisciplinarios cuyo punto de partida es la poesía. Con dos discos: Urbe Probeta y Personae, el proyecto impulsa lo más relevante de la actual poesía mexicana porque son documentos que están moviéndose en ámbitos distintos al del mantel verde y botellita de agua, los cuales son unos de los detonantes del hartazgo de las fundadoras del proyecto. MotínPoeta apuesta por ediciones de autor, poemas vueltos canciones, autores de diferentes disciplinas germinando híbridos, discos donde se combina música y lectura o canto poético. Como ya he dicho, Motín Poeta y EBL apuestan por dos soportes que están satanizados en la era de lo virtual, y eso poco nos importa.
Leer es sexy, dice el eslogan de la campaña de EBL, lo repito: leer es sexy porque nos toca, nos invita a nuevas posiciones, a sentir el cuerpo, el objeto del deseo, sea un disco o un libro, sea una voz o sea nuestra voz: leer es sexy porque la palabra nos toca y nos pone en posición de antojo: yo quiero que los poemas me discurran, me escurran, me acaricien y me dejen con ganas de más, de más, de más. El Billar de Lucrecia y MotínPoeta son dos administradores del riesgo, del acto honesto y en expansión. El riesgo que sufrimos con estos dos proyectos sería el de no prestarles atención: Leer es sexy (y sin embargo quiero más.)
Óscar David López
Feedback: oscardavidlo@hotmail.com
Bitácora personal: http://www.oscardavidlopez.blogspot.com/
El Billar de Lucrecia: http://elbillardelucrecia.blogspot.com/
MotínPoeta: http://motinpoeta.blogspot.com/
Riesgo es materia, método, ejercicio con que se construye un objeto, un libro, un poema. El riesgo es una serpiente de dos cabezas de la cual la primera pertenece a las probabilidades de que algo ocurra, y la segunda a las consecuencias si estas ocurren. ¿Pero dónde el cuerpo?, ¿dónde dejamos su trayecto?, ¿dónde el bolo que alimenta y provoca la gula o la náusea? Actualmente vivimos en múltiples realidades, en múltiples riesgos. El Billar de Lucrecia y MotínPoeta son dos escaparates el ejercicio poético. En la “supuesta inminencia” de la desaparición del libro y de los cedes, ambos proyectos utilizan estos soportes para acercar la poesía a comunidades de cualquier edad que no estaban enteradas que los poetas también pertenecen a este tiempo. Sin embargo, antes de que estos proyectos vean la necesidad de llegar a un público, su origen fue gestado por varios artistas que tuvieron la necesidad de escribir poesía en otros formatos. Escribir es un acto que no se reduce a la pluma sobre el papel, a la pulsación de los dedos sobre el teclado. Escribir es un acto mental que a través de la palabra o las acciones o los silencios o las imágenes toca el cuerpo. Escribir es el primer motor de estos proyectos. Definiré cada uno de ellos.
Ediciones El billar de Lucrecia es una editorial que muestra las voces de la reciente poesía latinoamericana. A partir del juego, de la dinámica con la lengua, con la madre y las hermanas (porque hablamos español pero en realidad hablamos mexicano, argentino, peruano, cubano, portugués, etcétera) este proyecto revitaliza el quehacer de antologías mediante un proyecto que simula un billar que se ejercita en libros y no en bolas, o sea, es un proyecto que reúne poesía —no que simplemente la antóloga—.
En este trayecto, El billar de Lucrecia nos ha mostrado que una de las forma de vender poesía consiste en actualizar los pasos de baile según el ritmo. Aunque seguimos hablando de contenedores formales como lo son los libros, Lucrecia apuesta por diseños refrescantes, vitalizados, lúdicos, emergentes, desconcertantes, con portadas que nos hablan más de biografías escandalosas que de poéticas de alto riesgo. ¿Pero qué digo? Actualmente la poesía es el acto más riesgoso en las artes tradicionales y experimentales. La poesía es un acto creador para quien la atiende. Como lo ha sido y lo seguirá haciendo, la poesía no representa una posibilidad de hegemonía en el mercado editorial (a menos que se publique los versos de Paris Hilton o Joaquín Sabina).
Este no es caso de Lucrecia quien hasta el momento ha publicado voces que convergen en el nudo ciego del lenguaje. Cada uno de los libros que forman EBL nos presenta y revela un prisma personal. Desde Washington Cucurto hasta José Carlos Yrigoyen podemos leer siete registros que contienen a su vez decenas de matices natales, globales, de robote, translucidos, pluridimensionales. Para el caso, hablaré brevemente de las recientes entregas.
Transversal de Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es un libro que trasvasa, transmuta, invoca, y decanta el caos. Las tres secciones que componen Transversal forman una trenza que canta la historia del movimiento de un sujeto. “Los que piden claridad literaria —escribió Ramón López Velarde— piden, realmente, una moderación de la luz.” Este no es el caso de Montealegre, al contrario, su poesía va más allá de las visiones provocadas por la luz, porque al contrario del efecto del mucha luz que causa ceguera, y de la carencia que provoca oscuridad, la poesía de Montealegre es justa en lenguaje, dividida en discurso y lírica, transverso del texto y sus expansiones:
Y está mal. Está mal. Pero traducimos así: ese eje del polígono
fue un tercero innominado, figura entre la muerte y la paleta de caramelo,
no explicable con los escritos —no lo imaginado.
Montealegre es un autor con una voz múltiple pero que sabe contenerse y discurrirse. En este libro logra condensar un tono que pareciera sólo un desbordamiento de ideas e imágenes pero que sorpresivamente construye un decir real a través de los poemas. Transversal merece una atención especial en el panorama de la poesía actual (alguna muy viciada en lo fácil y digerida) ya que es una apuesta por el lenguaje propio rescatando el valor poético:
En su centro, no:
quien va a callar metiéndose un camaleón entero en su boca. El arte es así
El hueco. Así. Uno lo imagina en el centro del pecho. Late el forado,
No una bolsa de agua caliente, esas de goma de calentar la cama. En la cama, yo
tuve un hijo, una letra, pero hizo schhht con su dedo, la casa de Platón,
el negativo de su boca.
El caso de Horoskop, de Jose Carlos Yrigoyen (Lima, Perú, 1976) transita por una vía distinta a la de Transversal. Yrigoyen apuesta por una melódica resurrección de la oralidad, de las charlas, del monólogo interior (muy cercana a la narrativa), logrando un libro –que aunque pequeño- repleto de momentos cercanos e identificables para una gama más amplia de lectores, ya que puede ser recomendado para quienes no están tan cercanos y alimentados de poesía. Pero cuidado, no estoy diciendo que sea un libro fácil, cómodo, poco riesgoso. Horoskop es la comunión de las dudas y las revelaciones en un ente ella, la misma Horoskop:
¿Y qué es lo que debo escribir para que la pureza sanguínea deje de ser un caballo muerto abandonado en el camino?
Esa pregunta, Yrigoyen inicia un viaje a través de recuerdos del yo poético basado en saltos en el tiempo, un verso de Pasolini, una película de Zombies, una navegación hacia Tragabigzanda que alterna la neblina con una palanca de valentía doméstica. Sin embargo, los versos son contundentes:
(Era esa nuestra última noche y no recuerdo mucho más;
apenas de cuando caminaba por la avenida de las tinieblas
entre los jóvenes –y ahora tengo que escribir entre los jóvenes
sintiéndome por primera vez parte de una procesión diferente.)
La reflexión en Horoskop está cargada de nostalgia, de entregas pasadas con añoranza en el futuro inmediato, justo en:
Esta noche, por ejemplo.
bajo esta noche extrañamente móvil, mano recién cortada
de una joven en la playa, a pesar del frío del invierno, de la presión
de las corrientes de aire que se deslizan sobre el mar,
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Horoskop y Transversal son dos apuestas diferentes, con tonos diferentes, de autores muy cercanos geográfica y generacionalmente. Sin embargo, EBL no está buscando voces compartidas ni ramas generacionales ni nuevos movimientos para vincularlos y construir un patrimonio latinoamericano. Por el contrario, está afirmando y pactando que la poesía es un ente vivo, carente de dogmas, lúdico, que puede hoy afirmar en una antología que ahí están contenidas las meras meras voces pero que no lo están. Cada libro, cada una de las bolas está girando sobre una mesa de billar esperando entrar en el hoyo menos indicado para crear alarma, destanteo, sorpresa porque de eso todavía vive y hace vivir la poesía.
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Óscar David López
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